Umbral
Hice una relación en donde incluí los nombres de quienes han tenido algún impacto significativo para mí, aquellos a los que considero importantes. Están los que han enriquecido transversalmente mi capital relacional a lo largo del tiempo, desde mi adolescencia.
Incluí a los que deben estar, no solo con quienes coincido regularmente o a los que han llegado recién en el tiempo. Es un catálogo en donde la cercanía se entiende como vivencia y memoria. Se incluyen con los que la relación ha sido continua, aunque fragmentada; los que nos hemos dejado de procurar; y a quienes he tenido la suerte de ser útil, de servir, de apoyar o ayudar.
Es un elenco variopinto que no solo considera a aquellos con quienes la relación ha sido fluida, sino también a quienes han dejado fricción o incomodidad. Están los que son gozo, pero también los que son incordio y cuya huella ha sido perniciosa.
Quisiera que todos los que están en mi lista de personas significativas tengan a bien recibir este objeto. Algunos lo recibirán como agradecimiento; otros, como reclamo. Por eso es entendible que algunos prefieran no tener la copia que les pertenece. La manera en que lo reciba cada quien depende de lo que cada uno perciba de mí.
Este diario se articula con elementos rescatados de mi cotidianidad. Es un ejercicio lúdico que se ordena de manera simbólica. Es una acción en un solo sentido, por lo que no espero reciprocidad. Recibe, pues, esta primera entrega de este Diario imprudente pero necesario: puede ser un agradecimiento, puede ser un reproche; puede ser los dos a la vez.